Usuario
Contraseña
 
Buscador Círculo Románico Ayuda del Buscador
ÁREA ABIERTA - OPEN AREA
Arte Románico - Romanes Romanik Romanesque
LUGARES Románicos (Descripciones)
Mundo Románico
Estética románica
Simbolismo e Iconografía
Sincretismos e Influencias
Filosofía y Teología
Investigación
Otros datos
REPORTAJES
PARA SABER MÁS - TO LEARN MORE
Firmas Destacadas
Hemeroteca
Enlaces - Links
Biblioteca
BANCO DE FOTOS - PHOTOS BANK
Lugares Románicos (Places Sites)
Fuentes del Arte Románico
Museos
Exposiciones Temporales
Miniaturas (Sólo Usuarios Registrados)
VIAJES ROMANICOS - TRAVELS
Los viajes del Círculo Románico
Rutas recomendadas
Senderos del Románico
Información Auxiliar










Contadores
Visitas totales: 2201439
Visitantes en línea: 7
Reducir tipografía Aumentar tipografía Versión imprimir
ÁREA ABIERTA - OPEN AREA Investigación Conceptos La transmisión del Conocimiento La transmisión del Conocimiento

La transmisión del Conocimiento
Capítulo Iº: De Zaratustra a Gerberto de Aurillac

Visigothic, Mozarabic, Romanesque, Sculpture and Architecture in Spain.
El Universo de Ptolomeo - Cosmographia, Petrus Apianus - 1524 -

Joan Maragall, en el Elogi de la paraula viva, escribió: “Recordo una nit, a l’altra banda del Pirineu, que sortí de la fosca una nena que cantava amb veu de fada. Vaig demanar-li que em digués quelcom en la seva llengua pròpia i ella, tota admirada, signà el cel estrellat i féu només així: ‘Lis esteles…’.” Y Maragall encuentra, en esta denotación directa y pura de las profundidades cósmicas, una de las fuentes de la poesía. Y, efectivamente, las estrellas han tenido una presencia permanente en las raíces de la inspiración poética y han sido siempre un estímulo constante en la pregunta de los humanos sobre su propia finitud y en la búsqueda de un sentido.

ASTRONOMÍA Y POESÍA 
Unos breves apuntes sobre la presencia de la astronomía en la poesía.
David Jou. U.A.B. -Institut d’Estudis Catalans-

Lejanas las inquietudes y valores morales de la sociedad medieval, quizá se nos haga "extraño" comprender a primera vista los conceptos que hoy manejamos, a pesar de que intentemos adaptar alguno de ellos a la realidad actual; tal es el caso de la astronomía, con el que nos referimos a una única ciencia que entonces era conocida con otro nombre, hoy desgraciadamente devaluado, la astrología, a la que definimos con aquél otro para realzar el importantísimo valor que alcanzaba en los comienzos del segundo milenio. No será hasta Iohannes Kepler (1571-1630) -cuyo semblante bibliográfico hemos esbozado en Eunate, Melodía de las Esferas Celestes- que ambas ciencias se “separan” en dos asignaturas que cara a la galería poco tienen en común a nuestros ojos, a pesar de proceder de la misma base científica. Así, Kepler comparte la excepción de ser considerado el último astrólogo científico y el primer astrofísico en la historia de una Ciencia que, investigando, ha sabido encontrar el camino de una evolución favorable, manteniendo un interés constante y programando y articulando los designios de la vida religiosa, política y social de nuestro planeta... desde la caverna, contemplando la noche estrellada en los albores de la humanidad, hasta nuestros días, en los que continúa deslumbrando ante los magníficos avances conseguidos aún a costa de augurar un nada prometedor futuro al final de los tiempos, alimentando las inquietudes de una especie cósmica aleccionada a buscar los secretos más íntimos del significado de nuestro papel en esta remota galaxia, del cada vez más grandioso e incomprensible Universo. 

Es necesario que tratemos de explicar por qué la posesión de este conocimiento astronómico fue tan necesario para las civilizaciones, lo que -para su mejor compresión- extrapolaremos a conceptos del mundo moderno; así, en la sección de internacional nos acostumbramos a leer en cualquier periódico noticias similares a la que sigue: 

'...La República Oriental de Tal, ha realizado hoy una prueba con un cohete, diseñado para lanzar al espacio el próximo año su primer satélite fabricado localmente, que le permitirá llevar las comunicaciones a todas las fronteras de su territorio. El país Imperial, enemigo de Tal, ha calificado de "desafortunada" la prueba del cohete y ha afirmado que esto sólo aislará aún más a aquél estado, del resto de la comunidad internacional. De esta manera, el gobierno del país Imperial muestra los avances de la República fundamentalista en materia de balística, en momentos en que Occidente manifiesta su inquietud acerca de los planes nucleares, que se encuentran en proceso de intervención -desde hace tiempo- por la ONU. La tecnología utilizada para colocar a los satélites de comunicaciones en el espacio también puede ser utilizada para lanzar armas nucleares'.

La terminología utilizada no deja lugar a dudas, pero no es lo que viene a cuento. La noticia -que hemos exagerado poco- es más inquietante por los avances científicos que se ponen de relieve como consecuencia de la 'posesión de determinados conocimientos' que se exhiben en la demostración. La utilidad de comunicar las zonas más remotas del país vía satélite, avance social a todas luces positivo, queda eclipsado por la escalada armamentística que tras la noticia se revela peligrosa para el otro país, en este caso, consciente de su fracaso por no haber impedido o reconducido a fines pacíficos la transmisión de los mismos... Así es y fué en todas las civilizaciones; desde los Hititas hasta los Egipcios; desde Persia a Grecia o durante la “extinta?” guerra fría a los escudos de misiles de la virtual Star Wars...

La aritmética, la astronomía, la geometría y la música, junto a la transmisión y la celosa posesión de estos conocimientos, son hechos actuales tan importantes como lo fue en los albores del segundo milenio la enseñanza del Quadrivium, por circunscribir en ese compendio las asignaturas obligatorias en la era alto medieval, aunque para nuestro estudio -necesariamente-  tendremos que remontarnos todavía a tiempos aún más lejanos.


The transmission of knowledge
Arcano

Drawings from Herman's of Carinthia
Abu Mas'har: The Decans of Virgo

Epicyclic, the transmission of knowledge
Epiciclos


La transmisión del Conocimiento. La transmisión del Conocimiento


Desde que recordamos que la historia de las civilizaciones tuvo un organigrama, junto al jefe de la tribu, el rey o el emperador existía un adivinador, un chamán... un druida que interpretaba la posición de las estrellas y que podía predecir hechos futuros..., guerras, pactos o justificar si el comportamiento de los dioses sería favorable a las ofrendas y sacrificios; regulaba la economía del Estado determinando la mejor época para el inicio de los cultivos y de las cosechas; también asesoraba el nombramiento de los distintos cargos de gobierno y si sus decisiones legislativas habrían de ser favorables, incluídas, la elección del rey, del propio astrólogo, e incluso el momento favorable para su coronación o nombramiento. La planificación urbanística de la ciudad1, la navegación, la agromensión, sus límites y posesión, dependerá de los cálculos realizados con el astrolabio. Para la correcta transmisión de estos avances científicos se crearán cuerpos de sacerdocio y escuelas desde donde los conocimientos serán enseñados por instructores, quienes además de velar por la segura notación y archivo en bibliotecas de las disciplinas, serán los encargados de realizar una correcta administración durante el ejercicio de su cometido, impulsando la investigación y velando por su prestigio y expansión. La mejor prueba de ello es que tales datos y vestigios -si bien incompletos o semidestruídos- han podido llegar hasta nuestros días para satisfacción de arqueólogos, historiadores y público en general. 

Entre las principales tareas de sus múltiples cometidos, ya en Egipto, los Sacerdotes de Amón se ocuparon de la observación celeste y mandaron construir magníficos edificios con determinadas orientaciones2 desde los que observar detalladamente el paso de los astros;  predecir los eclipses de Sol y de Luna, y realizar complicados cálculos y anotaciones para establecer calendarios estelares precisos y horóscopos, se convertía en una función vital del Estado como se ha comprobado en las civilizaciones más antiguas del planeta. De esta manera, la importancía de tales observaciones tuvo su reflejo en culturas asiáticas, donde la imprecisión era castigada con la muerte como quedó registrado3 en 2100 adC. en China, al no predecir a tiempo un eclipse Xi y He, astrólogos personales del emperador Zhong Khang. El tiempo meteorológico fue otro de los hechos adivinatorios que más preocupaba al mundo de la antigüedad; si iba a llover o helar, afectaba de manera significativa la economía futura y como tal, se podían prevenir -entre otras cuestiones- la crecida de los ríos como sucedió en Egipto. La compleja exactitud de la observación del orto helíaco4 de la estrella Sirio -hacia el 2.500 adC- prevenía anticipadamente la inminente inundación de las tierras fértiles, momento en que los astrólogos y sacerdotes del Faraón decretaron como el primer día de su año nuevo, estableciendo la exacta duración del calendario y anunciando el tiempo de la recolección de las cosechas en el momento más favorecedor para ello, demostrando la beneficiosa incidencia económica de sus vaticinios. Los Zigurats en Mesopotamia y los oráculos en Grecia, fueron lugares donde se practicó la adivinación astrológica, tanto en los cultos oficiales como en augurios privados obtenidos a precio módico. En las tablas de arcilla sumerias5 almacenadas en el British Museum de Londres, encontramos cómo los templos de Babilonia se dotaban de adivinos, interpretadores de signos, exorcistas y astrólogos, pruebas adivinatorias que solían acompañar de rituales -que hoy consideraríamos excéntricos- en los que se vertía aceite sobre agua, o se examinaban las entrañas de determinados animales.

De forma similar, conocemos que en el mundo helénico, el más importante de los Oráculos, el de Delfos6 -recinto sagrado dedicado al que acudían los griegos para preguntar a los dioses sobre las cuestiones que más les inquietaban-, fue objeto de varias guerras sagradas por su posesión, la que finalmente obtuvieron en la “cuarta” de ellas, hacia 350 adC los macedonios y sus aliados para Filipo II, padre de Alejandro Magno. En este templo, consagrado posteriormente a Apolo, habitó la sibila délfica, mujer que profetizaba en verso desde algún rincón del Oráculo.

Herófila, fue la primera sibila de los griegos y adquirió su fama al vaticinar la Guerra de Troya, pero quizá, la más importante de las diez Sibilas conocidas, fue la de Cumas, a quien Apolo concedió vivir tantos años como fuera su deseo. Ella tomó un puñado de arena en su mano, solicitó al dios vivir tantos como granos, olvidándose de la eternidad; la leyenda cuenta que vivió nueve vidas de 110 años cada una. La importancia de las proféticas palabras -para nuestra historia- de la Sibilia de Cumas7, será declarada en la IVª Égloga y en el Libro VI de la Eneida de Virgilio. Se sabe que las palabras contenidas en los libros de las Sibilas fueron consultadas en otras ocasiones importantes y hay quien sostiene que -siguiendo sus designios- se llegaron a realizar sacrificios humanos para impedir que Aníbal arrasase Roma, tras la derrota de las legiones romanas en Cannas (216adC).  Las palabras de la Sibila Cumena, recogidas por Virgilio en la Égloga IV y en el libro VI de la Eneida, serán consideradas una profecía que anuncia la verdad cristiana, el nacimiento de aquel Mesías de Daniel y de Jeremías. Así, en tiempos de Constantino, Lactancio (s. IV dC) -apologético cristiano de quien se dice que evolucionó del epicureísmo al platonismo místico- tomaría las palabras de Virgilio para dar pie -en sus Divinae Institutiones-, a una interpretación en sentido cristológico que Constantino mandaría incluir en la oración pascual después del concilio de Nicea. San Agustín, a quién tanto debe el cristianismo, admitió la posible inspiración divina en el dictado de las palabras de la Sibila Cumena.

Leemos, traducidos al castellano, algunos versos de la conocida Égloga IV:

Ya viene la última era de los Cumanos versos:
ya nace de lo profundo de los siglos un magno orden.
Ya vuelve la Virgen, vuelve el reinado de Saturno;
ya desciende del alto cielo una nueva progenie.
Tú, al ahora naciente niño, por quien la vieja raza de hierro 
termina y surge en todo el mundo la nueva dorada,
se propicia ¡oh casta Lucina!: pues ya reina tu Apolo.

Después de Lactancio, otros como Abu Mas'har al-Balkhi y la traducción realizada por Hermann de Carinthia -procedente de Dalmacia (Istria del norte), quien trabajó junto al inglés Robert de Ketton en el Valle del Ebro hacia 1150-, recoge en su obra 'Introductorium in astronomiam Albumasaris Abalachi octo continens libros', la leyenda en el sentido de la profecía astrológica que Virgilio anuncia por boca de la Sibila junto a la posición de determinadas constelaciones celestes, tratando de corroborar -en sentido metafísico- la certeza del vaticinio de la primera parusía del Salvador.  En la imagen central anterior, los Decanatos de Virgo, Hermann de Carinthia, 'The Essentiis' 59rE-H,  donde de izquierda a derecha pueden leerse sobre los dibujos de la ilustración, las siguientes palabras que inspiraron la revelación: secliodama arabice defaa, spicam deferens; filius; super solium sedens, puerum nutriens; vir ibi sedens quasicustos pueri (ver también: F:Saxl an H. Meier, Catalogue of Astrological and Mythological Illuminated Manuscripts of the Latin Middle Ages, III. 1, London,1953, pp.247-268); todas ellas aludirían a la profecía contenida en la Eneida desatando cierto furor apologético y por antepuestas a un tiempo anterior al nacimiento de Cristo, se daba por cierto y demostrable que tal designio cosmogónico habría sido prescrito por el Creador en las estrellas. 

De la astronomía pasamos ahora a la profecía y en la profecía las religiones del libro coinciden en eso precisamente, en El Libro. Por eso se menciona a Virgilio y La Eneida, pero... ¿acaso existieron otras fuentes predictivas? ¿Zaratustra tal vez?.  Que los Árabes suceden a los Griegos en el conocimiento astronómico es un hecho probado, pero veamos cómo se ocupan del tema de la posesión y transmisión del conocimiento.

La conversión de Constantino el Grande al cristianismo puso fin a la importancia de una ciencia -la Astrología profética- que había regido la vida pública de Roma durante -al menos- más de 500 años. En el año 321, el edicto de Milán prohíbe a los “caldeos, magos, y sus seguidores”, ejercer públicamente sus actividades, con lo que esta ciencia desaparecerá durante algunos siglos de la Europa occidental. Tras la caída de Roma, la emergencia fulgurante de la filosofía Islámica es -en gran parte- el resultado y desarrollo de la traducción de una cantidad considerable de literatura griega filosófica que había sobrevivido a las conquistas Musulmanas. Así -entre otras ciencias- la astrología griega fue reanimada y vigorizada de nuevo. Los musulmanes creen que su religión es la terminación del Judaísmo y del Cristianismo y ven en el Islam el triunfo de la verdadera sabiduría de Alá. De esta manera, los textos de Aristóteles y la inclusión de nociones Platónicas, son el resultado de sustituir el libre albedrío por la razón, y tarde o temprano la astrología transmite a la Europa Medieval este postulado.

Reconocido como el 'filósofo de los árabes', Al-Kindi (801-873), debe su gran importancia a sus tratados de astrología, donde desarrolla ideas islámicas partiendo de la base del Neoplatonismo y Aristotelismo contenido en los tratados griegos de astronomía que podrían haberse preservado en su cultura o copiado durante los trágicos episodios de la desaparición de la Biblioteca de Alejandría. Es considerado como quien introdujo a Abu Mas'har en la astrología.

Paraleleamente Mohammed ibn-Musa al-Jwarizm, vivió entre 780?-850, fue renombrado miembro de la Casa de la Sabiduría fundada en Bagdad por el Califa Al-Mamún, a imagen de la Biblioteca de Alejandría. Aunque muchos de los originales no se han conservado, sus tratados de álgebra, astronomía, aritmética, geografía y sobre el calendario, le encumbran como padre del álgebra y de los algoritmos (al-Jwarizmi). Tenemos noticias de contemporáneos que le avalan como autor de otros tratados sobre el cuadrante solar y el astrolabio. El entronque de los postulados de Al-Kindi con los enunciados de Zaratustra, habrían sido el siguiente eslabón de esta correa transmisora que propone afianzar, cómo la posesión del conocimiento, su preservación y transmisión, suponen el advenimiento de nuevas y poderosas civilizaciones concienciadas del enorme poder que tales presupuestos contienen, teniendo a bien -para su prestigio- recuperar y mejorar -en la medida que les sea posible- el saber de sus precedentes. La lejanía en el tiempo y la extensión de nombres a los que aludir, superan los márgenes de colateralidad de nuestro objetivo, por lo que concluimos en esa correlación, inapelable a todas luces.  

Un eslabón de vital importancia en esta transmisión de conocimientos en la cultura de Occidente, la constituyen los traductores que entre los siglos X y XII actuaron en el Valle del río Ebro; de ellos nos ocuparemos en el siguiente capítulo, de sus avatares y la pertinaz búsqueda de los valiosos tratados, para dar debido cumplimiento al interés de nuestro enunciado. 


Mohammed ibn-Musa al-Jwarizmi
Al Jwarizmi (780-850)

Al Kindi
Al Kindi (801-873)

Gerberto de Aurillac -Silvestre II-
Silvestre II (938-1003)


La transmisión del Conocimiento. La transmisión del Conocimiento


 Vanesa Montesinos nos recuerda... "la astrología nació como una observación del cielo para buscar algo que pudiera afectar a los reinos y sus habitantes, esto incluía los fenómenos atmosféricos. En Mesopotamia empezaron a realizarse observaciones sistemáticas de estos fenómenos para buscar un patrón y saber qué iba a suceder y cómo afectaría a los eventos de las poblaciones.  Fueron los textos árabes y las escuelas judías las que divulgaron en la Edad Media estos conocimientos. Para los judíos la astrología era algo fundamental en el estudio talmúdico y cabalístico.  En un primer momento, la Iglesia no reaccionó contra este nuevo saber, pero muchos manuscritos fueron quemados por considerar sus textos herejes y en el siglo XVI, un Edicto del Papa Sixto V, prohíbe la astrología. ..., decir, que las traducciones del árabe al latín las comenzó Gerberto de Aurillac, en el siglo X; cuando viajó a Al-Andalus para estudiar las matemáticas y la astronomía arabigo-judías. A él le debemos la divulgación por Europa del sistema de numeración decimal." (Fuente: "Hermann de Carinthia" Foro Club del Románico -Círculo Románico-)

Este planteamiento nos transporta hacia el siglo X, punto de partida de nuestra disertación al hilo propuesto por Don Julio-Cesar Santoyo10, Ilustre Rector de la Universidad de León, del que recopilamos algunas de las más llamativas líneas de su artículo de investigación -La Edad Media- , para resaltar un pasaje histórico en la evolución cultural del mundo en la segura transmisión del conocimiento, y vuelve -para nuestro orgullo y supongo el de nuestro emérito catedrático- a ser escenificado en la Hispania cristiana de la reconquista, bajo el guión de la importancia que en ello tuvieron los traductores a modo de primigenios "freelance", ya fueren desplazados a nuestro territorio en busca de los científicos textos o desconocidos personajes autóctonos, como el humilde "Joseph" que más adelante volveremos a nombrar.

De esta manera, nuestro magnífico rector, nos desvela entre las líneas de su espléndido artículo algunos de los misterios que justifican la presencia de un joven estudiante, Gerberto de Aurillac en esa zona de la Catalunya histórica, que con toda seguridad le va a permitir entrar en contacto con los conocimientos de la ciencia árabe e iniciarse en el estudio de las matemáticas y la astronomía. Córdoba, entonces (finales del s.X), con una biblioteca de más de 400.000 volúmenes, atesora -si no todo el saber de la época- los principales conocimientos científicos griegos que fueron traducidos al árabe, como hemos leído. Algunos prinicipios matemáticos ya están en Gerona, otros -porque sabe el futuro Papa que podrá encontrarles allí- se mandarán recopilar más tarde.

Conocemos que Ripoll disponía -ya entonces- de un importante scriptorium con un censo de 98 volúmenes, en un momento en que los "libros" se cuentan en Europa por "decenas" recopiladas en algunos -tanto dispersos como escasos- monasterios. Ripoll, al resguardo de los cauces pirenáicos y no muy lejos del mar, se convierte en un referente cultural europeo de magnitud incalculable para la época a la que antecedemos con la lectura de estos párrafos.

Efectivamente, Gerberto acabará siendo el titular de la silla de San Pedro en Roma, cargo que detentará bajo el nombre de Silvestre II. Antes de ser nombrado Papa -reconocido como científico muchos años más tarde-, ordenará traer de Ripoll un tesoro que no terminará de expandirse fehaciéntemente por los principales centros del saber -debido tal vez a su procedencia- hasta doscientos años más tarde como en su momento veremos y que finalmente vendrá a significar la instauración de un nuevo orden científico que rige y regirá en todo el orbe europeo, hasta convertirse en la gran piedra angular sobre la que se yergue la comprensión del Universo; me refiero, como no, al sistema árabe de numeración. Besalú, Vic, Ripoll, con la admirable narrativa que caracteriza a Don Julio-Cesar, se convierten en paradigmáticos lugares que adquieren tintes épicos en la historia de las civilizaciones, líneas sazonadas con la contundente y precisa narrativa de nuestro insigne, párrafos imprescindibles de nuestra historia de los que rogamos vuestro mejor criterio y evaluación:

Aquellos años de estudio en Vic, con visitas casi seguras a Ripoll, Gerona y Barcelona, dejaron en el joven Gerberto de Aurillac un imborrable recuerdo bibliográfico. De Cataluña, y tras su viaje a Roma, el joven Gerberto pasó a dar clases de música y matemáticas (parte del quadrivium de la época) en la escuela catedralicia de Reims (972). Su maestro Ató de Vic había muerto asesinado el 21 de agosto del año anterior, pocos meses después de su regreso de Roma. En el 983 se nombró a Gerberto abad del monasterio de Bobbio, en el norte de Italia, pero renunció a los pocos meses para volver a Reims. Al año siguiente, 984, solicitaba desde Reims a Miró Bonfill, conde de Besalú y obispo de Gerona, que le enviara un ejemplar del pequeño tratado (libellum) De multiplicatione et divisione numerorum, traducido del árabe por el español José ("ajoseph hispano editum"): "es tracta cl"una obra perduda de la qual potser en fóra autor Abu Yusuf Hasday ben Ishaq ben Shraput, que era metge a la cort del Califa Abd al-Rahman III al-Nasir" (Viladrich 8c Martí 1981: 25). De hecho, por los mismos años Gerberto escribía una obra propia, "Regules de numerorum abad rationibus", pionera en la difusión europea del nuevo sistema árabe de numeración, cómputo y cálculo, que acabaría sustituyendo al romano.

Las continuas referencias al territorio Condal, son insistentes en la biografía de Gerberto de Aurillac (Silvestre II), aunque los años transcurridos impiden una búsqueda más certera de las personas a las que corresponden los nombres de aquellos épicos traductores. A ellos se dirige contínuamente el futuro Papa y está documentado que solicita a un tal "Lupitus", de Barcelona, a quien posiblemente se le supone ser -así nos lo narra Santoyo- el arcediano Sunifred Llobet, un encargo ("mihi patente dirige"), una obra de astrología que el autor propuesto habría traducido del árabe al latín: el "librum de astrologia translatum a te". Curiosamente, otro texto del que únicamente se sabe que fue traducido del árabe al latín en tierras Catalanas en estas fechas (s.X), es el Líber Alchandreiphilosophi o Mathematica Alchandrei, aunque Santoyo reconozca ignorar dónde, cuándo y por quién se tradujo; al anterior, al traducido por Lupitus, se refiere el de Aurillac como el "Librum de astrologia" y como éste es de idéntica materia y es conocido por su título, el Líber Alchandrei, se le supone anterior y distinto del requerido, por lo que está considerado como el más antiguo tratado astrológico traducido del árabe al latín.

Por manifestada la continua necesidad científica y la persistente solicitud de traductores Hispanos, creo justo reconocer la importancia decisiva en el desarrollo cultural europeo, que se adelantará aproximadamente en unos doscientos años a la actividad científica precursora a la que nos referiremos con Hermann de Carinthia, y que fue desarrollada por aquellos semi anónimos personajes quedando indiscutíblemente cicunscritos en exclusividad -durante el s.X-, en el ámbito catalán, a tenor del análisis deducido en la lectura del texto en el sorprendente artículo citado de manera preeminente, junto al resto de las referencias aludidas y la síntesis que literalmente reflejamos a continuación, desvelando la importante influencia generada en este campo por Barcelona, Vic y el Monasterio de Ripoll, fuente verosímil que obtenemos de la literalidad de los siguientes párrafos:

¿Llegó a conocer Gerberto estos textos traducidos durante su estancia en Vic? Entra dentro de lo posible. De hecho, el título solicitado a Lupitus ha sido identificado por Millas Vallicrosa con dos textos del manuscrito 225 del catálogo de Ripoll, "dos tractats de contrucció i ús d"astrolabi, un d"ells traducció directa de l"árab i l"altre, recensió llatinitzant de la mateixa. Estem devant el primer tractat Uatí d"astrolabi" (Viladrich & Martí 1981: 24). Pero no son los únicos: el mismo manuscrito contiene otros textos latinos traducidos del árabe que tratan de la "fabricado de rellotges, construcció de gnómons i medido de l"hora diurna mitjancant el quadrant amb cursor" (Viladrich & Martí 1981: 24). Y en la más importante de las obras científicas de Gerberto de Aurillac, la Geometría, este autor incluye varios capítulos "incerti auctoris" que tratan "de métodes per mesurar altures amb fajín: d"un mirall on se reflecteix la llum: alguns d"aquests capítols apareixen al manuscrit 225 del scriptorium de Ripoll, conservat avui a l"Arxiu de la Corona d"Aragó, que conté abundosos materials científics de tradició arábiga" (Viladrich & Martí 1981: 23).
...//...
Las obras científicas de Gerberto de Aurillac tuvieron sin duda una considerable difusión en la Europa de la época. Bien conocidas antes ya del año 999, adquirieron especial interés y autoridad cuando ese año Gerberto fue elegido papa, con el nombre de Silvestre II
(999 hasta +1003). El conocimiento de estos primeros textos de origen árabe, sus aplicaciones prácticas hasta entonces desconocidas, y los rumores que en la época se extendieron sobre un viaje suyo a la Córdoba musulmana mientras estudiaba en Cataluña (del que se hace eco el historiador benedictino contemporáneo Ademar de Chabannes, 989-1034, en su Chronicon Aquitanicum), todo contribuyó a crear en torno a Gerberto de Aurillac una aura de magia, astrología y pactos con el diablo que perduró durante siglos.

Pero mientras tanto, y después de Vic y Ripoll, de nuevo el silencio, que apenas si queda roto un instante (a lo largo de todo el siglo XI) por el testimonio de una única versión árabe de ciertos cánones eclesiásticos latinos realizada en el año 1049 por el presbítero mozárabe Vincencio.

Santoyo, en su artículo, reseña una cita del hispanista y profesor de Historia Medieval de la Universidad de Boston, Thomas E Glick, utilizando la siguiente frase "the Scriptorium of Ripoll was the site of the first attempt in the West to synthesize the Arabo-Greek corpus in Latin (a ms. of Boethius on arithmeüc, with marginal notes in Arabic, for example, and a Latin translation of Máshá"alláh"s treatise on the astrolabe)", precedentes todos ellos que certifican nuestra intuición inicial, en el sentido de cierto y constituyente del argumento necesario, al por qué de la presencia de aquellos traductores, protagonistas de la historia que queda plenamente justificada por lo expuesto.

Un segundo dato, en clara alusión al carácter científico que Gerberto de Aurillac imprimió a su papado, pone de relieve la situación enconada que hubo de enfrentar durante su breve mandato. Las descalificaciones utilizadas en su contra vienen a poner de manifiesto -léase cualquier biografía por breve que sea- la alta ignorancia y el reaccionarismo impetuoso de una curia eclesiástica, cuyos sectores y ramificaciones más recalcitrantes podemos encontrar todavía frente al postulado que sirva para facilitar o alcanzar los límites más altos del conocimiento, desde la ígnea extirpación quirurjica de sus grupúsculos más innovadores y liberales, hasta la demonización de los avances científicos como causa del mal, en clara desatención al mandato filosófico del Creador implícito en el Hagia Sophia.

Veamos a continuación, qué ocurrió en relación con el siglo XII.

               La transmisión del Conocimiento

HOME

CAPÍTULO II

CAPÍTULO III

CAPÍTULO IV


CENTROS DE ESTUDIOS DEL ROMANICO.
C. E. R. Madrid
C. E. R. Segovia
C.E.R. a Distancia
Seminarios
Conferencias
Panel de Conferenciantes y Ponentes de Seminarios
CIRCULO ROMÁNICO
Presentación
Legal
Sede Social
Manifiesto Románico
Memoria de Actividades (Curso 2013- 2014)
Fueron Portada
Foro Antiguo
Notas de Prensa y Convocatorias Recibidas
Rincón del Usuario
ROMÁNICO PARA NIÑOS
USUARIO REGISTRARSE
ORGANIZACIÓN
Quiénes Somos
Comité Científico
ENCUESTA DE CALIDAD
Contactar
Reclamaciones
Colabora con Nosotros
Suscríbete al Boletín de Círculo Románico






      LIBRO DE VISITAS       RECONOCIMIENTOS       ENTIDADES AMIGAS       MAPA DEL SITIO
© CÍRCULO ROMÁNICO