Finanzas románicas
En su versión actualizada el quinto mandamiento de la Santa Madre Iglesia nos sigue recordando la tradicional obligación de “pagar diezmos y primicias a la Iglesia de Dios”, entendiendo esta institución como Iglesia Triunfante más que Militante, en este caso identificada con los pobres, en su principal acepción. El tema, que refleja una práctica/mandato vinculada a todas las religiones del Libro y que es regularmente recordada a lo largo de la Historia Sagrada desde el Antiguo Testamento hasta los Concilios del siglo VI, supera el motivo que nos vincula y, por tanto, no será tratado aquí en su mayor amplitud.
Hoy ya no se hablan de “diezmos” y “primicias”; estamos más cerca de “marcar la casilla” que de las décimas partes de lo producido a que aluden los diezmos o de las “Tete de Couvé” a que se refieren las primicias, primeros frutos.
Aquellas acepciones superadas estaban refiriéndose al pago en especie como práctica medieval que aludía a una economía de intercambio y esa es la imagen principal que abunda sobre la materia en nuestro magín. Pero siendo cierto no era exacto. El pago en especie como costumbre que ha durado hasta nuestros días, todos recordamos las atenciones a los maestros, médicos…etc, existía solo en parte, como la lógica nos hace suponer. No era en especie el pago de las grandes cantidades, de las parias, etc ni tampoco el de las pequeñas como las deudas de juego a que estaban tan habituados en el románico, ni los óbolos a los sacerdotes en pago por sus servicios, o las propinas a los saltimbanquis y resto de marginados.